viernes, 2 de mayo de 2014

Enfermedad y dolor

La enfermedad, el dolor físico, son aspectos en los que las personas nos solemos con-fundir (confundimos nuestra identidad con ellos).

Nos diagnostican cáncer, acúfenos, alguna enfermedad degenerativa e irresversible, y empezamos a sentirnos mal. Primero pasamos por una etapa de negación, estamos decidiendo no hacer parte de nuestra vida lo que es evidente que ya está, y por otro lado creemos que nosotros Somos esa enfermedad, ese dolor. Y empezamos a dramatizar.

Nos enfadamos con el mundo, quien hizo el diagnóstico, tarde o pronto, con la vida. Luego pasamos a sentirnos desesperados, profundamente tristes pensando en la desgracia que nos ha tocado vivir, y de lo que carecemos. Y empezamos a temer y a preguntarnos por tanto cómo será nuestra vida, si moriremos, si pasaremos dolor. No nos damos cuenta que ya la tenemos. Y nos hemos dedicado a juzgar lo que nos está pasando. De alguna forma la culpa nos dice que hemos sido erróneos, nos hemos equivocado y que tendríamos que haber hecho algo para alterar el suceder de los acontecimientos, como si eso fuera algo que está dentro de nuestro margen de maniobra. Lo que la culpa no entiende es que nosotros no pudimos elegir eso, pero hay algo que nos susurra al revés y es que "puedes elegir algo distinto a lo que ahora andas eligiendo mientras te enfadas, te pones triste, tienes miedo o te sientes culpable". Antes de eso en realidad hubo uno espacio, que en algún momento recordarás donde seguro te preguntaste, ¿bueno y ahora qué puedo hacer?. No pasa nada, por que puedes volver a preguntartelo de nuevo, y esta vez en plena conciencia. Hace poco alguien me preguntaba si esto lo podíamos hacer también con el "dolor emocional" y sí, también se puede. ¿Qué puedo hacer con este dolor físico o emocional? Sentirlo.

"Ve ahí donde ahora crees que se alberga el dolor, ve más allá y si notas que algo duele....déjate ir....que pasee en ti....caerá aquello que crees que es dolor....sentirás....lo atravesarás y si te quedas un rato más....se diluirá como la sal se disuelve en el agua...hay un espacio entre lo que crees que te causa dolor, y ti mismo...que permite que puedas estar sintiendo en paz....observa aquello que que cree, aquello que siente...aquello que observa..." 

Cuando sientes el dolor físico o el emocional sin pensar sobre él, este remite.

Puedes pasarte todo el tiempo que necesites pensando sobre la enfermedad, sobre el dolor físico o emocional, puedes también en algún momento elegir preguntarte ¿Qué puedo hacer yo con esto ahora?, y justo en ese instante dejaras de sentir miedo. Y tranquilo, si hasta ahora no lo habías hecho es por que no podías. No lo veías, por que si lo hubieras visto habrías podido darte cuenta de otras cosas que no pudiste ver. Y ya está.

Cuando nos preguntamos ¿Qué puedo hacer yo con esto ahora?, entramos en una nueva perspectiva, una nueva mirada, donde ya hemos dejado de elegir con fundirnos con el dolor físico o emocional y nos hemos abierto a cualquier otra cosa distinta, y esa apertura es lo que favorecerá que vivas de otra forma lo que se va sucediendo en tu vida. Paulatinamente dejas de pensar sobre el dolor, los ruidos en el oído, sientes y aceptas lo que te sucede así como va viniendo...la percepción de las cosas remite en tanto que dejamos de pensar sobre ellas, sé que quien no lo ha experimentado no lo puede ver así, pero es así. Y si te pones triste, te pones triste, permite que se quede así como viene, no te pelees con eso, ni lo rechaces, por que lo que te está pidiendo es que le prestes toda tu atención y lo acojas en ti. Está ahí para que te des cuenta de que necesitas un cambio y que puedes elegir de nuevo por algo que deshace en ti el malestar.

Habitualmente facilito entrenamiento mental y emocional para estas situaciones tanto de dolor físico como emocional,  cuando nos tenemos que someter a intervenciones o procesos médicos importantes, donde nos entrenamos en una nueva mirada sobre lo que va sucediendo en nuestro cuerpo para darnos cuenta que más allá de todo ello,una vez que se ha vivido en profundidad, podemos observarlo sin que atrape nuestros pensamientos, ni emociones, ni nuestra vida. No negamos nada de lo que nos sucede y así nunca nos vence, nos liberamos de los miedos y angustias que sin querer proyectamos sobre la situación para darle sentido a nuestro miedo. No hará que se cure tu enfermedad o no tengas dolor físico, pero el emocional remitirá hasta disolverse. Tal y como se disuelve la culpa que tanto nos incapacita donde realmente hay muchas cosas por hacer. Por que más allá de todo eso hay algo que no puede ser tocado ni por nuestros pensamientos, ni por nuestras emociones, ni a nosotros. Y así es como puedes vivir en paz con el dolor físico o emocional, sin añadir nada más. Vivirlo como estados que suceden en cada instante en el que eres consciente de ellos sin tratar de cambiarlos sino de asimilarlos. Después de asimilar que este es nuestro objetivo, lo que suele suceder es que los síntomas varian, mejoran o no empeoran, por lo que un buen entrenamiento mental y emocional es útil.


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